Llagar Castañón.

Tres generaciones de legado y una cuarta, la de Alfonso, con la misma garra de siempre para hacer la mejor sidra natural de Asturias

Cómo me enamoré de Asturias y de la sidra | Llagar Castañón

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Hola a todos.

Me llamo Daliborka, aunque aquí todo el mundo me llama Dali. Mi nombre es algo complicado. Cuando me piden que lo repita, respondo: «Como Dalí, pero sin tilde al final».

Hoy quiero contaros mi historia de sidra asturiana: cómo me enamoré de Asturias y de la sidra.

Para los extranjeros, Asturias es un auténtico tesoro escondido. Al menos en Serbia, de donde soy yo, cuando alguien piensa en España suele pensar en Andalucía, Cataluña, Madrid… Sin embargo, Asturias, con su cultura única y su impresionante naturaleza, sigue siendo un gran desconocido para mucha gente.

Mi historia comenzó durante unas vacaciones en Turquía. Allí conocí a un chico de Gijón. Un gijonés, un asturiano de toda la vida. Gracias a él conocí Asturias, a sus amigos y a su familia.

Recuerdo que estaba muy nerviosa cuando llegó el momento de conocer a todos sus amigos. Sin embargo, los españoles (no solo los asturianos) son personas increíblemente abiertas y hacen todo lo posible para que nunca te sientas incómodo. Si eres extranjero, seguramente te pasará una cosa. Tú extiendes la mano para presentarte… pero ellos ni siquiera la miran. En su lugar, te dan dos besos, aunque sea la primera vez que os veis.

Les encantan las reuniones con amigos. Se ríen muchísimo y, tengo que decirlo… los asturianos hablan muy alto. Si alguna vez te preguntas por qué en muchos bares casi no hay música, la respuesta es muy sencilla: no se escucharía entre tantas conversaciones. Me he acostumbrado tanto a ese ambiente que, cuando vuelvo a Serbia, tengo que explicarles de nuevo a mis hijos que en un restaurante se habla bajo.

Pero, por encima de todo, hubo algo que me llamó especialmente la atención: la relación entre Asturias y la sidra. Son inseparables, como una madre y un hijo.

Éramos unas quince personas cuando conocí a los amigos de mi pareja. Alguien propuso tomar una sidra y, en cuestión de segundos, todos estuvieron de acuerdo. Porque la sidra, en Asturias, no se bebe solo por la bebida. Se bebe para compartir. Es un momento de alegría que disfrutas con tus amigos.

Éramos un grupo grande, pero… el camarero nos trajo solo dos o tres vasos.

Todos compartíamos el vaso.

Tengo que reconocer que aquello me sorprendió. Son personas muy abiertas y empecé a pensar que esa forma de vivir me gustaba.

Probé mi primer culín.

«Hmmm… Qué bebida tan curiosa… »

En ese momento vi a un amigo de mi novio haciéndome gestos con la mano para que me lo bebiera todo de un solo trago.

Claro, en mitad de una salida con amigos nadie se detiene a explicarte por qué tienes que hacerlo así.

El escanciador sirve un culín, unos 100 mililitros aproximadamente. Lo hace de una manera muy especial: levanta la botella por encima de su cabeza y sostiene el vaso muy abajo. De esta forma despierta el gas natural de la sidra para que el cliente disfrute al máximo de las burbujas y de todos sus aromas.

Por eso el trabajo del escanciador es tan importante en Asturias. No solo sirve sidra; mantiene viva una tradición y una cultura que forman parte de la identidad asturiana. Dicho esto, no bajes ese vaso tan ancho: ¡todo para dentro!

Mi historia de sidra asturiana: el primer culín

Cuando descubrí Asturias y el mundo de la sidra, una de las cosas que más me impresionó fueron las sidrerías.

No voy a decir cuál era, pero estoy segura de que cualquier asturiano la reconocerá con solo escuchar esta descripción.

Nada más entrar sonaba música tradicional asturiana, con gaitas de fondo. Del techo colgaban decenas de botellas verdes de sidra como decoración. El suelo estaba cubierto de serrín y, junto a la barra, había un pequeño canal con agua donde se mantenían frías las botellas. Entre 12 y 14 grados, la temperatura perfecta para disfrutar de un buen culín.

Debajo de la barra también había un pequeño canal que la recorría de un extremo al otro.

Antes de la pandemia era habitual compartir el mismo vaso. Después de beber el culín se dejaba un poco, se giraba el vaso boca abajo sobre ese canal para limpiar el borde y se pasaba al siguiente amigo.

Hoy las cosas han cambiado un poco. Ya casi no se comparte el vaso y tampoco es necesario dejar un poco de sidra al final. Puedes beberte el culín entero sin problema. Por motivos de higiene también desapareció el serrín de las sidrerías.

Sin embargo, lo más importante sigue exactamente igual.

La cultura de la sidra continúa muy viva.

De Serbia a Quintueles: mi llegada al Llagar Castañón

Y lo más curioso de todo es que, años después, la vida me llevó justo al otro lado de la historia.

Hoy, catorce años después de mi llegada a Asturias, tengo el privilegio de trabajar en Llagar Castañón.

Nunca habría imaginado que un día sería yo quien recibiría a visitantes de todas partes del mundo para enseñarles esta cultura de la que me enamoré siendo extranjera.

Cada visita tiene un significado especial para mí, porque en muchas personas veo reflejada a aquella chica que llegó sin conocer nada sobre la sidra. Ahora soy yo quien explica qué es un culín, por qué la sidra se escancia desde lo alto, por qué hay que beberla en el momento y por qué las variedades de manzana asturiana son tan importantes para conseguir una sidra única.

Pero visitar Llagar Castañón es mucho más que conocer cómo se elabora la sidra.

Es conocer a Marta, que, en mi humilde opinión, es la mejor guía turística del mundo. Lleva transmitiendo esta pasión desde 2011, justo el mismo año en que yo descubrí Asturias. Después de tantos años sigue haciendo cada visita con la misma ilusión del primer día.

También conoceréis a la familia Castañón. Unas personas maravillosas que han conseguido que este llagar conserve algo muy difícil de encontrar: el calor de un negocio familiar. Aquí no somos muchos, pero precisamente por eso todos forman una pequeña familia. Y me siento profundamente agradecida de formar parte de ella esta temporada.

Durante la visita degustaréis nuestras dos sidras, Castañón y Val de Boides, descubriréis por qué cada variedad de manzana aporta matices diferentes y probaréis también otros dos productos muy especiales: Roxmut y Xizz.

Recorreremos juntos todo el proceso de elaboración, desde la pumarada hasta la botella, descubriendo el trabajo, el esfuerzo y la pasión que hay detrás de cada culín.

Asturias dejó de ser el lugar donde vivía mi pareja para convertirse en mi hogar.

La sidra dejó de ser una bebida desconocida para convertirse en parte de mi historia.

Y hoy siento una enorme emoción al poder devolver a esta tierra una pequeña parte de todo lo que me ha regalado.

Por eso os invito a venir a Llagar Castañón.

Venid a descubrir cómo nace una sidra, pero, sobre todo, venid a conocer la historia, las personas y la tradición que hay detrás de cada botella. Podéis uniros a nuestras visitas habituales de martes a sábado o, si lo preferís, solicitar una visita en exclusividad VIP (ideal si deseáis realizar la visita exclusivamente en inglés).

Porque si hoy alguien me pregunta qué significa Asturias para mí, no responderé solo que tiene paisajes increíbles, una gastronomía espectacular o una cultura fascinante.

Responderé que Asturias es el lugar donde aprendí que, a veces, basta un culín de sidra para dejar de sentirte extranjero.

¡Puxa Asturias!

Gracias, Marta, por enseñarme todo lo que sabes.

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